La estética del Realismo, fascinada por los avances de la ciencia, intenta hacer de la literatura un documento que sirva de testimonio sobre la sociedad de su época, a la manera que la recién nacida fotografía.
Al igual que el Romanticismo, el Realismo tuvo dos corrientes, una conservadora, que alababa las viejas costumbres populares (José María de Pereda, Juan Valera), y otra progresista, caracterizada por la denuncia social (Benito Pérez Galdós, Leopoldo Alas "Clarín").
